Anamorfosis

A lo largo de la historia del arte diferentes artistas han utilizado el recurso de la anamorfosis, consiguiendo una ilusiĂłn Ăłptica muy curiosa.

Se trata de representar un objeto deformado, que obliga al espectador a situarse en un punto distinto al frontal en el cual poder verlo crrectamente. Una perspectiva distorsionada.

Uno de los primeros en utilizar esta técnica fue Leonardo da Vinci, y una de las obras mås conocidas con este procedimiento es la que vemos, Los embajadores, de Hans Holbein el Joven de 1533. Cuadro de retrato doble, del género vanitas donde diversos elementos nos hablan de la vacuidad de la vida, entre ellos la anamorfosis de un cråneo que habría que ver desde la esquina superior izquierda.

Foto: wiki commons

PinĂĄculos y arbotantes

Diccionario de arte


Elementos arquitectĂłnicos utilizados en la arquitectura gĂłtica.

Los pinĂĄculos son los remates apuntados en los que terminan a veces los contrafuertes. Los arbotantes tienen forma de medio arco que descarga la presiĂłn que ejerce el empuje de la bĂłveda trasladĂĄndolo a un contrafuerte.

En este caso se aprecian muy bien en esta vista tomada desde la terraza de la catedral de MilĂĄn mĂĄs conocida como Duomo de MilĂĄn, impresionante construcciĂłn gĂłtica iniciada en el s. XIV considerada una de las mĂĄs grandes del mundo.

Duomo de MilĂĄn
Foto: elmitodekora

Y tĂș quĂ© miras?!

Cuando descubrĂ­ esta obra en los libros, no tuve duda, tenĂ­a que verla, situarme frente a ella y comprobar si la mirada inquietante de Inocencio X traspasaba la pintura y llegaba a mi persona. Tras un primer intento fallido, conseguĂ­ estar delante del cuadro y todas las expectativas se quedaron cortas.

Inocencio X luce real, turbador, inteligente. Su mirada te persigue. VelĂĄzquez, genio de la pintura barroca española del Siglo de Oro, muestra en esta obra realizada en su madurez, una tĂ©cnica impecable. Con una pincelada suelta retrata al pontĂ­fice con gran realismo, le sitĂșa en una postura natural, de medio cuerpo, sentado y girado hacia el que le observa. El artista se vale de los nuevos procedimientos artĂ­sticos y del conocimiento de los pigmentos para, de forma decidida, utilizar diferentes tonos de rojo en el sillĂłn, el cortinaje del fondo y parte del ropaje del retratado, asĂ­ como veladuras y texturas que consiguen un efecto lumĂ­nico de forma magistral. Aunque se abandona el tenebrismo, se siguen marcando los contrastes entre luces y sombras. Pero ademĂĄs del dominio del color que muestra VelĂĄzquez, lo mĂĄs caracterĂ­stico de este retrato es el impacto psicolĂłgico que produce al verlo. La figura no expresa movimiento, pero a la vez no es estĂĄtico, tiene vida, ofrece una conexiĂłn con el espectador que se ve atraĂ­do por los ojos del papa que muestran el alma. Un momento Ă­ntimo, un impacto emocional que no te deja indiferente. El artista consigue, sin un detallismo extremo, que el espectador termine el cuadro en su cabeza, idea que luego desarrollaran los impresionistas para los que VelĂĄzquez fue un referente.

Texto escrito por Sonia de Pablos

Las virtudes cardinales

Son cuatro las virtudes morales que Platón enunció en un contexto filosófico de época clåsica que se vieron reflejadas posteriormente en el cristianismo. Tuvieron auge en el siglo XV y fueron muy representadas en monumentos funerarios haciendo referencia a la buena conducta del difunto. En el Renacimiento comienzan a aparecer con atributos que las diferencian entre sí. Las virtudes cardinales son la Templanza, la Justicia, la Prudencia y la Fortaleza que a veces van acompañadas de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

En las conocidas Estancias de Rafael, que el artista pintĂł en el Palacio Pontificio del Vaticano que hoy forman parte de los museos, se dedicĂł un fresco a este tema, en concreto en la Estancia de la Signatura. En esta sala podemos observar a las virtudes cardinales junto con las teologales. Las primeras son representadas por el artista con forma de bellas mujeres. Aparecen tres de ellas sentadas sobre un zĂłcalo clĂĄsico. A la izquierda se sitĂșa la Fortaleza con un yelmo dorado y tĂșnica. Sujeta un leĂłn sĂ­mbolo de fuerza y una rama de roble que hace referencia a Julio II, papa en el momento que se pinta la obra, 1511. En el centro estĂĄ colocada la Prudencia, con doble cara ya que se refleja en un espejo, alegorĂ­a de conocimiento de uno mismo y de capacidad de tomar decisiones prudentes. Tiene como atributo una serpiente enrollada en un brazo, animal que se describe en la Biblia por su comportamiento cauto. A la derecha se halla la Templanza con un freno de caballo en su mano, que alude al saber refrenar las pasiones y el poder de evitar la conducta de un corcel desbocado. La Justicia aparece en la bĂłveda, por encima del resto, con una espada en la mano que mira al cielo, la espada de Dios, y una balanza que pesarĂĄ las buenas y malas obras de cada uno.

Las virtudes teologales aparecen representadas en este caso con forma de querubines, la Fe señala al cielo, la Esperanza lleva una antorcha y la Caridad se agarra a la rama de roble recogiendo los frutos.

Texto escrito por Sonia de Pablos

Fotos: wikimedia commons y wikipedia.org

Isocefalia

Diccionario de arte

La Duda de Santo TomĂĄs en el Claustro RomĂĄnico de Santo Domingo de Silos en Burgos. Un bajorrelieve donde se aprecia la isocefalia en los personajes, una norma artĂ­stica por la que las cabezas aparecen alineadas a la misma altura a modo de friso, exceptuando en este caso a Cristo que se muestra con mayor altura. Los personajes de la composiciĂłn estĂĄn distribuidos en tres filas, con el nimbo de santo y expresiĂłn hierĂĄtica. Destaca Cristo que levanta el brazo mostrando la llaga ocasionada por la lanza para que Santo TomĂĄs pueda introducir el dedo y resolver su duda. EstĂĄn encuadrados por un arco almenado, con torres, donde en la parte superior dos hombres tocan los cuernos y dos mujeres panderetas festejando la resurrecciĂłn.

Duda de Santo TomĂĄs

Foto: @elmitodekora

ÂżEl arte es bello?

Escrito por Sonia de Pablos

Todos sabemos lo que es arte, o eso creemos, porque es un concepto inherente al ser humano desde que tenemos conocimiento. Estå ahí desde siempre. Pero ¿alguna vez nos hemos planteado qué es el arte?

Venus de Willendorf
Museo de Historia Natural de Viena. Foto: Wikimedia Commons

El arte nace con nosotros, todos llevamos a un artista dentro, que saca a la luz de una manera o de otra una obra con un fin estético, un juicio cuyo objeto es el placer de lo bello. No obstante, esto nos lleva a mås preguntas: ¿quién define lo que es bello y lo que no?

Hay muchos aspectos que pueden hacer a una obra bella, pero el arte no es solo eso. La belleza realmente es subjetiva, es una cualidad de algo o alguien que nos provoca un sentimiento placentero. Aunque lo feo también nos origina diferentes sentimientos. Por lo tanto, si el arte busca una respuesta en el espectador, no debería centrarse solo en lo bello. Ademås, la belleza estå en nuestra mente, ya que tenemos unos prejuicios instalados desde nuestra infancia. Sentimos que algo es atractivo o no debido a un ideal o canon implantado en nuestra mente, recibido a lo largo de nuestra educación. Los valores que nos han inculcado nos hacen ver las cosas de forma concreta, nos encapsulan y nos crean estereotipos y eståndares, clichés establecidos por la sociedad. Así que volvemos a la idea de que realmente la belleza es una valoración. El artista, una persona que ha adquirido unos conocimientos extras, diferentes a los obtenidos por el resto de las personas, tiene la capacidad de apreciar y expresar un concepto, y hacerlo universal, consiguiendo una armonía entre todos, por lo que su obra queda establecida como una creación bella de forma generalizada. Estas ideas globales de la belleza que se han gestado hace tanto tiempo, las tenemos arraigadas y no podemos desprendernos de ellas. La primera teoría sobre la estética surgió con Platón y continuó con Aristóteles. Para ellos el arte era una imitación de la naturaleza, pero este aportaba lo que la naturaleza no podía llevar a su fin, porque la imitación no sólo era copiar un original, sino representar un aspecto concreto de una cosa. Para ellos, la estética era inseparable de la moral. En la Edad Media, el arte era la expresión de la religiosidad, mientras que en los siglos XV y XVI, época del humanismo, la estética abarcaba mås campos a parte del religioso, imponiéndose la era de la razón. Sin embargo, el gran impulso del pensamiento estético se dio en el mundo moderno, en el siglo XVIII, cuando Kant se interesó por los juicios del gusto estético y desarrolló la idea del genio, el que ve mås allå de lo que muestra la naturaleza, captando algo que en su imitación convierte en arte. Este ideal creó un puente entre la estética clåsica basada en la mímesis y el pensamiento de que lo bello provenía de Dios, y la estética moderna, el arte. En el siglo XX, pasamos a otra reflexión, los avances tecnológicos modifican la forma de ver el arte y el estudio de la estética. Lo grotesco, lo atroz, puede ser bello, lo importante es la respuesta del receptor ante una obra, no la del autor. El arte busca una emoción.

La Danza. Henri Matisse
Museo del Hermitage. @elmitodekora

Todo esto nos lleva a pensar que hemos avanzado mucho y que en la Ă©poca contemporĂĄnea se ha pasado de un ideal de belleza clĂĄsico a otro moderno, mĂĄs conceptual, donde los sentimientos son provocados en el espectador por medio de otras herramientas, como pueden ser, los colores, las formas, etc. Ejemplo de esto es el arte abstracto, ya no prima la imitaciĂłn de lo que vemos, sino el concepto, la idea. El artĂ­fice de la obra explora su necesidad interior de plasmar un sentimiento, provocando otro parecido o totalmente distinto en el observador. Esto es un gran paso en el planteamiento del arte. Aun asĂ­, queda mucho camino que recorrer, puesto que una gran mayorĂ­a de pĂșblico no entiende esta nueva nociĂłn de arte. Llevan muy dentro la idea de emulaciĂłn de la naturaleza igual a belleza, y es posible que desarrollen muchas sensaciones ante creaciones artĂ­sticas de vanguardia sin saberlo. En el fondo es lo que buscan las nuevas actuaciones sin que ellos lo sepan, esa respuesta objetiva sin suspicacias, libre, como la producida por un sonido, un olor, un recuerdo.

Hablemos de Kora

Kora es un mito. He elegido este nombre para mi blog porque aquí hay cabida para todo lo relacionado con el arte, con las historias inventadas y los pensamientos creativos. La pintura es uno de los aspectos artísticos que mås me gusta, y que mejor nombre para este proyecto que El Mito de Kora, que nos habla del origen mismo de esta técnica.

Jean-Baptiste Regnault. Butades y el origen de la pintura.

La mitología fue un medio para aclarar el origen de muchas cosas, ademås de hablarnos de la vida y aventuras de dioses y héroes. Se servía de fåbulas, a veces con caråcter moral, para interpretar hechos inexplicables.

El mito se fragua en civilizaciones antiguas como la egipcia, o la fenicia, pero el pensamiento mĂ­tico griego es el mĂĄs rico. Con ellos la mitologĂ­a fue elevada a su mĂĄxima expresiĂłn. La historia y el arte de esta civilizaciĂłn estĂĄn llenos de leyendas que nos dan informaciĂłn de su cultura. Esta literatura, basada en la invenciĂłn, mezcla hechos reales y fantĂĄsticos para ofrecernos relatos que conforman su historia y tradiciĂłn. 

El mito de Kora explica el origen de la pintura basĂĄndose en una leyenda contada por Plinio el Viejo, escritor romano del siglo I, relatada en su Historia Natural, un compendio de libros reales e inventados, que se recogen en formato enciclopĂ©dico en 37 volĂșmenes.

La dama corintia. Joseph Wright de Derby.

En uno de sus libros escribe sobre la historia de la hija de un artesano, Butades de SiciĂłn. Plinio habla de inicio incierto, lo que le da carĂĄcter de mito. Kora, que asĂ­ se llamaba la joven, se habĂ­a enamorado de un hombre que iba a dejar la ciudad. En su despedida, encontrĂĄndose muy triste, decidiĂł conservar su imagen de algĂșn modo, quizĂĄ tambiĂ©n su espĂ­ritu. La luz reflejaba la sombra de su amado en la pared y ella fijĂł con carboncillo el contorno de su perfil. Posteriormente, su padre aplicĂł arcilla sobre el dibujo para dotarlo de relieve, que hizo endurecer al fuego.

Es un relato curioso cuya fantasĂ­a dota a la pintura de cierta magia.

Escrito por: Sonia de Pablos